EL NACIMIENTO QUE VIVE DENTRO

En esta época del año, el mundo se detiene —aunque sea un instante— para recordar un nacimiento que transformó la historia.

Más allá de tradiciones, religiones o formas, el nacimiento de Jesús nos habla de algo profundamente humano y espiritual a la vez:

la posibilidad de que el Amor tome forma dentro de nosotros.

Jesús nace en la sencillez, no en el poder.

Nace en el silencio, no en el ruido.

Nace en un pesebre, recordándonos que lo sagrado no necesita perfección, sino disponibilidad.

Desde una mirada integral —mente, cuerpo y espíritu— este nacimiento es también un símbolo vivo:

cada vez que elegimos la compasión sobre el juicio,

la paz sobre el miedo,

la conciencia sobre la reacción,

algo nuevo nace dentro de nosotros.

La espiritualidad no es huir del mundo, sino habitarlo con el corazón despierto.

Y Jesús, más que una figura histórica, representa esa conciencia que nos recuerda quiénes somos cuando dejamos de defendernos y empezamos a amar.

Recibir a Jesús en el corazón no es un acto religioso;

es un acto íntimo.

Es permitir que el Amor guíe nuestros pensamientos,

que la esperanza habite nuestras emociones,

y que la paz encuentre espacio en nuestro cuerpo.

Que este tiempo sea una invitación suave, sin exigencias:

a volver al centro,

a reconectar con lo esencial,

y a permitir que ese nacimiento ocurra —una vez más— dentro de nosotros.

Porque cuando el Amor nace en el corazón,

todo lo demás encuentra su lugar.

Feliz Navidad!!

Autora: Christa Moll

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